El gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, continúa en conflicto con la petrolera estatal YPF por la ubicación de la planta de GNL que iba a poner en la ciudad de Bahía Blanca pero que, en el último mes, comenzó a jugar fuerte para instalarse en Rio Negro, como un acuerdo entre el gobernador, Alberto Weretilneck, y el presidente, Javier Milei.
Ante esta situación, el gobernador bonaerense se encuentra en una encrucijada, o bajar sus banderas y adherir al Régimen de Incentivo para las Grandes Inversiones (RIGI), aprobado en la Ley Bases y símbolo del modelo político y económico de Javier Milei, o perder la inversión más importante de la historia de la provincia de Buenos Aires.
La planta de licuefacción sería la mayor obra de infraestructura no sólo de la provincia, sino del país, con una inversión de unos 40 mil millones de dólares entre 2025 y 2031 y una proyección de exportaciones de energía de 30 mil millones de dólares al año. Además, crearía más de 16 mil puestos de trabajo directos e indirectos.
Kicillof, doce días atrás, encabezó una conferencia de prensa en la que anunció que ese mismo día enviaría un proyecto propio para grandes inversiones a la Legislatura. Esto no ocurrió.
La disputa entre los dos gobernadores también generará una suerte de trampolín político y nacional para seguir profundizando las diferencias con el modelo anarcocapitalista o aceptar su utilidad en el corto plazo.


