El jefe de Gabinete eligió irse con una larga y melancólica carta que publicó en X, dirigida a Javier Milei, en la que de manera poco original se presentó como víctima de una persecución mediática y personal.
«Gracias por entender las razones y entenderme a mí: por primera vez desde aquel 10 de diciembre de 2023 estoy yendo en contra de sus deseos», escribió un melancólico Adorni. La frase buscó convencer de que no fue expulsado del gobierno por el escándalo interminable al que lo sometió durante larguísimos tres meses, sino una renuncia indeclinable.
La derrota de Adorni fue tan absoluta, tan inapelable, que un gesto basta para confirmarlo: el tuitero mordaz, el polemista cruel, cerró los comentarios de su cuenta en X, tras publicar el posteo de su carta de renuncia.
En su renuncia, el ex jefe de Gabinete arranca con una narrativa de victimización, para escenificar una salida por motus propio cuando en realidad ya había sido jaqueado por el Congreso, donde hasta los aliados ahora pedían interpelarlo, y hasta por sus compañeros de la administración violeta, donde hacía meses que buscaban oxigenar la gestión dejando atrás el escándalo patrimonial del exvocero.
La salida de Adorni fue sentenciada un día antes, el viernes, cuando Milei aún se encontraba en España. Karina Milei y Santiago Caputoconsensuaron que Adorni debía renunciar. Fue después de que el Presidente defendiera «la honestidad» del exfuncionario, pero admitiera: «Si la Justicia lo considera culpable, lo eyecto de una patada».


