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Newsletter de Actualidad – Enfoque: poniendo la mirada donde importa.

El caso Cerimedo: Cuando el algoritmo se convierte en un arma de fuego:

Fernando Cerimedo no es un improvisado ni un actor secundario. Fue el estratega digital y un operador clave de la campaña de Javier Milei, además de ser una pieza central en el armado de las redes de la ultraderecha en toda la región. Sin embargo, su nombre acaparó todos los portales de noticias tras ser detenido en Bolivia en el marco de una causa gravísima: se lo investiga por su presunta vinculación intelectual en el intento de asesinato de su expareja, la abogada y activista Nadia Beller.

El hecho ocurrió cuando dos sicarios disfrazados de repartidores de delivery interceptaron a Beller y le efectuaron tres disparos. La mujer logró sobrevivir fingiendo estar muerta y, desde el hospital, activó una serie de denuncias y filtraciones que apuntan directamente contra el consultor argentino. Según los elementos que circulan en la causa y los chats que salieron a la luz, el trasfondo no se reduce estrictamente a un conflicto de carácter sentimental: la trama involucra fuertes tensiones políticas, acusaciones cruzadas de corrupción y disputas de poder en el vecino país, donde Cerimedo también operaba como asesor del gobierno de Rodrigo Paz.

La trama judicial en Bolivia revela una red de complicidades alarmante. Según los detalles que trascendieron, Cerimedo y su entorno estarían involucrados en esquemas de corrupción que salpicarían no solo a la política boliviana, sino que tendrían lazos con Argentina. La propia Beller denunció la existencia de filtraciones y grabaciones que incluso involucrarían a figuras de la política nacional, lo que le suma una capa de gravedad institucional a un caso que comenzó con una imputación por tentativa de femicidio. Además, el historial de Cerimedo no ayuda a calmar las aguas: recordemos que ya venía arrastrando acusaciones por su rol en la campaña de Jair Bolsonaro y la difusión de denuncias de fraude en Brasil. El hecho de que la Justicia boliviana haya pedido 180 días de prisión preventiva por «peligro de fuga» demuestra que este no es un incidente menor que pueda barrerse fácilmente bajo la alfombra.

¿Por qué esto nos importa tanto a nivel local? Porque Cerimedo representa la cara visible del modelo de «hacer política» mediante granjas de trolls, operaciones de desinformación y ejércitos digitales que el ecosistema libertario importó y perfeccionó para llegar al poder. La detención del consultor en el aeropuerto de Viru Viru, cuando intentaba abordar un vuelo con destino a Buenos Aires, pone al desnudo un submundo donde los métodos de la coacción digital y la violencia explícita parecen cruzarse sin escrúpulos. El oficialismo, por su parte, mantiene un silencio prudente y tenso, intentando despegarse de un aliado fundamental que hasta ayer nomás manejaba los resortes de sus comunidades virtuales. La narrativa de la «transparencia 2.0» choca de lleno contra una realidad judicial tétrica que salpica a los armados políticos que hoy gobiernan.

Créditos en dólares: La letra chica del Banco Central y el freno a las expectativas:

 Cambiando de frente hacia el plano estrictamente económico, el Banco Central (BCRA) oficializó esta semana la normativa que instrumenta los créditos en dólares para empresas que no generan divisas, una medida muy promocionada por el equipo de Luis Caputo para intentar reactivar el crédito privado.

En los papeles, la flexibilización permite que los bancos destinen hasta el 15% de sus depósitos en dólares a prestarle a compañías orientadas al mercado interno, bajo la condición de que esos fondos se liquiden obligatoriamente en el Mercado Libre de Cambios. El objetivo oficial es doble: por un lado, inyectar liquidez urgente a sectores productivos ahogados por la falta de financiamiento y la caída del consumo; por el otro, forzar la circulación de los dólares que descansan en el sistema o fuera de él para robustecer artificialmente las reservas.

El universo de los posibles beneficiarios, según Bausili, apunta principalmente a desarrolladores inmobiliarios y pequeñas y medianas empresas (pymes) que, si bien no exportan, pueden tener «vinculación con activos reales» o cuyos propietarios cuentan con dólares en el exterior. La apuesta del Gobierno es intentar movilizar parte de los más de USD 40.000 millones que hoy existen en depósitos privados, de los cuales solo una fracción (unos USD 22.000 millones) está prestada. Sin embargo, desde el sector empresario advierten que un crédito más barato no soluciona los problemas de fondo que paralizan la actividad: la brutal caída del consumo interno, la apertura de importaciones que castiga a la industria local y el aumento sostenido de los costos operativos. Es, en definitiva, una herramienta financiera lanzada en un contexto de sequía productiva.

Sin embargo, la realidad económica se encargó de enfriar rápidamente el entusiasmo oficial. El propio presidente del BCRA, Santiago Bausili, se vio obligado a bajar los decursos del triunfalismo en declaraciones recientes, aclarando de forma tajante que no anticipan ningún «boom» de créditos. Bausili apeló a una supuesta «prudencia regulatoria» para evitar los riesgos sistémicos del pasado, pero el trasfondo es mucho más prosaico: el sistema financiero sabe que el riesgo de incobrabilidad es altísimo.

Para una pyme o una empresa enfocada en el mercado interno, tomar deuda en moneda extranjera cuando los ingresos son en pesos es una apuesta suicida ante cualquier salto cambiario. El tope del 15% demuestra que la propia autoridad monetaria tiene miedo de abrir demasiado el grifo. No hay una «lluvia de inversiones» a la vista y el modelo de ajuste recesivo deja a las empresas sin margen para endeudarse sanamente.

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