Manuel Adorni terminó la primera parte de su informe de gestión ante la Cámara de Diputados asegurando que no cometió «ningún delito», en referencia a los escándalos de los viajes de lujo y a las propiedades que no declaró y que sumó de manera llamativa en el último año.
El jefe de Gabinete brindó un discurso que se extendió cuarenta minutos más de lo previsto y que tuvo a Javier Milei y todo el gabinete como espectadores de lujo. El presidente, escoltado por su hermana Karina, se comportó de modo fan y hasta interrumpió varias veces a los gritos.
Adorni leyó larga y soporíficamente los supuestos logros del gobierno de Milei y repitió casi de manera uniforme los habituales conceptos del presidente, con un guion muy cuidado y que tuvo un mes para preparar desde su última y caótica conferencia de prensa.
«En relación con mis viajes personales, mi patrimonio y el carácter de mis declaraciones juradas, señalo que los miembros de esta cámara quieren asemejar el gasto privado con el gasto público y a las actividades de mi vida privada con actos de gobierno. Ni constitucional, ni penal, ni civilmente son comparables», señaló el jefe de gabinete.


