spot_img
InicioDestacadaOpinión - El trabajo espera en el futuro

Opinión – El trabajo espera en el futuro

A la gente de a pie hay que hablarles nuevamente de la Argentina del trabajo, trabajo, trabajo…

Son las diez de la mañana. Un amigo y yo nos encontramos otra vez en una sucursal de una conocida cadena de café de especialidad para desayunar. Ya van varios desayunos donde no podemos parar de hablar de cómo arreglar el mundo, particularmente nuestro mundo; Argentina. El entorno matutino del lugar ya nos es familiar: las meseras, la disposición del espacio, y las amigas jubiladas que van los sábados a la mañana, religiosamente. De ellas, sí que no se salva nadie. El resto del entorno son personas de paso, que van a trabajar, a verse con un familiar, o que salen de compras por las calles lomenses.

El mundo así, movido por las prisas y las pausas del trabajo, más conurbano, más capitalista y salvaje que ayer.

Hace unos sábados que me creé una intriga, y es justamente sobre el trabajo: su fin, sus ciclos, el concepto en sí. Sí, es un ordenador social y dignifica en la medida que responda a ciertas características. Pero ¿Qué significado tiene hoy todo esto?

Miro a mi alrededor y nada se mueve si no es por el trabajo de otro u otra. Los comercios, el tránsito, luces y semáforos. Vendedores ambulantes, los obreros de esa obra en Alsina y Belgrano, el Uber en el cual llegué y uno de nuestros orgullos nacionales, el colectivo. Todo es trabajo. Incluso, me atrevo a apostar que el dueño de esta franquicia café de especialidad es un trabajador, de otro tipo, con más ceros en sus cuentas. Si hago un zoom y amplío el mapa, todo el entorno urbano, toda la Provincia de Buenos Aires y la Argentina, aún hoy en la era de la digitalización, lo moviliza el trabajo humano.

Para mi amigo, el trabajo, así como lo vemos, “ya fue”. Para él, el fin del trabajo, tal como lo conocemos, es casi un hecho. La IA, las nuevas tecnologías, la robótica y los procesos de automatización están muy presentes en su mirada. No es que no lo esté en mi mirada, sería muy ingenuo si lo negara y el ludismo está pasado de moda hace un par de siglos. Pero yo, no la veo tan lineal. Para mí, al menos en Argentina, el trabajo espera en el futuro.

¿Por qué? Porque en gran medida algo me dice que, en la carrera hacia el futuro, la Argentina viene, por lo menos, unos cuantos pasos atrás de los países desarrollados que ya están dando estos saltos ornamentales en el proceso de tecnologización de sus sociedades y de sus procesos productivos.

No podemos dejar de prestar atención al estado actual de las cosas en materia socioeconómica y productiva. Vivimos en un país donde no solo nos atraviesa una grieta en materia política, sino que padecemos de múltiples brechas sociales y económicas que no hacen más que alejar la posibilidad de un futuro mejor en el corto y mediano plazo. La síntesis de todas estas brechas es la instalación estructural de la desigualdad. Esta desigualdad se traduce en brechas educativas, con una población pronunciada que abandona la formación formal en cualquiera de sus niveles. En brechas de infraestructura y habitacionales, con un déficit de viviendas para al menos 5 millones de personas y un territorio extenso y desconectado o con rutas y vías en estado de abandono. En un atraso en materia de desarrollo de energía que convierta la posibilidad de explotar nuestros recursos naturales y desarrollar una industria capaz de generar muchos más puestos de trabajos. Todo esto en materia de deudas de la democracia.

Hoy nadie ignora las oportunidades que representan los recursos hidrocarburíferos como el petróleo offshore o el fracking, aunque limitadas por la transición hacia fuentes de energía más limpia y renovable. También, la extracción de metales o el litio en el NOA representan oportunidades de creación de empleos y riqueza a corto y mediano plazo. Además, encontramos oportunidades en la economía del conocimiento y las actividades vinculadas a la tecnología de la información (IT), así como en nuevas cadenas de valor agregado en la agroindustria y la industria alimenticia.

Para mirar al futuro debemos mirar el presente, comprender las deudas sociales que cargamos por múltiples factores a lo largo de estas últimas cuatro décadas, y hacernos cargo. Además, debemos velar por estas y otras oportunidades. Pero de esto nada o poco puede hacerse de ese futuro que suena prometedor sin un trabajador. Por esto es importante hablar del trabajo, porque es donde yace la oportunidad de saldar deudas y ser un país con justicia social. De lo contrario, veremos un tendal aún mayor de excluidos y, con suerte, veremos surgir algo de derrame del capital cuando alguna empresa extranjera decida vendernos algo fabricado con los mismos recursos que se extraen acá.

Hablar de trabajo nos debe obligar a pensar en términos de soberanía, nos debe alejar de los valores vacuos de la cultura individualizadora del neoliberalismo y estar más cerca de algo parecido a la vieja solidaridad social o quizá algo mejor. Nos pone en la obligación de pensar inteligentemente el futuro y qué hacemos para llegar a el de la mejor forma posible. El trabajo no puede ser una carga ni una deuda, tiene que ser el ordenador y la columna vertebral de la Nación. Por esto hay que decirlo hasta el cansancio:

hablemos de trabajo con la gente,

hablemos de trabajo desde la política,

hablemos de trabajo como el factor fundamental de la creación de la riqueza y como la piedra angular del proyecto de vida de las y los argentinos. No hay futuro que no cargue con cierta incertidumbre, pero en el camino, podemos ser espectadores o protagonistas, víctimas de los cambios que el futuro nos trae o arquitectos de él.

Jonathan Acosta

RELATED ARTICLES

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisment -
Google search engine

Most Popular

Recent Comments