El gobierno nacional logró la aprobación de la reforma laboral en la Cámara de Diputados por 135 votos contra 115, luego de conseguir el apoyo de los gobernadores Osvaldo Jaldo, Raúl Jalil y Gustavo Sáenz, además de los bloques aliados.
Durante la votación en particular, el Título I se aprobó también por una holgada mayoría y sin la incorporación del artículo Galperín que reclamaba el PRO, mientras que el Título II, correspondiente al FAL, salió por 130 voluntades por la afirmativa, 117 por la negativa y las abstenciones de Lourdes Arrieta, Karina Banfi y el rionegrino Sergio Capozzi.
Al momento de someterse a consideración el Título III, volvió un intenso debate por el traspaso de fuero laboral a la órbita de la Ciudad de Buenos Aires. No obstante, el bloque de LLA reunió 135 votos positivos, la oposición alcanzó 110 negativos y hubo cinco abstenciones, correspondientes a los radicales Martín Lousteau, Mariela Coletta, Jorge Rizzotti y María Inés Zigarán, junto a los lilitos Maximiliano Ferraro y Mónica Frade.
La reforma laboral contempla una flexibilización de relaciones laborales, que, según el Gobierno, generaron que la mayoría de la población económicamente activa no forme parte del mercado de trabajo. Si el proyecto se convierte en ley, las convenciones colectivas deberían renegociarse (al terminar la ultraactividad), se habilitarían acuerdos por empresa o región; habría bancos de horas para los empleados, fragmentación de vacaciones y restricción a las huelgas -al ampliar las actividades esenciales- y reducción a los derechos a asamblea.


